"RETAZOS"
"RETAZOS."
de Manuel Omar Triscari.
Traducción y postfacio de
Lorena Molina Molina.
En esta ocasión Manuel Omar Triscari deja a un lado su
faceta mordaz y provocadora para mostrarnos la esencia y el carácter de su
Sicilia natal. La fuerza y la pasión del Etna están impresas en cada uno de sus
versos, donde subyace implícita la profunda tragedia del ser humano expresada
al modo de los grandes poetas de la Antigüedad.
La poesía incluida en “Retazos”,
cálida, apasionada, hedonista y sexual, a veces incluso ilítica, trasciende lo
carnal y la obsesiva búsqueda del placer para desvelarnos el alma desnuda de un
hombre cuya angustia existencial no sacia la consumación del deseo.
Sus versos homéricos, sáficos y horacianos son una
exhortación al carpe diem, un lamento
desesperado por el paso del tiempo, la monótona y absurda realidad del ser
humano y el miedo a la muerte. El único sosiego es aferrarse a la belleza
fugaz, a la vida y al amor efímero de su musa, consuelo y tormento al mismo
tiempo. Sólo ella tiene el poder de iluminar sus noches, de dar sentido a su existencia,
de quebrar la ataraxia de su espíritu y de dotar a su corazón opaco y
endurecido _a ese corazón que “jamás ha amado”_ capacidad de amar y de sufrir
al mismo tiempo.
En definitiva, con esta obra Manuel Omar Triscari da
un paso adelante y nos permite descubrir esa parte más inaccesible e íntima de
su yo que hasta ahora escondía detrás
del personaje.
A Muna Salisu.
<<Pobre de aquel corazón en que no existe ardor de pasión,
que no está loco por el amor de una persona hermosa.
No habrá para ti día más perdido
que aquel que hayas transcurrido sin amor.>>
Omar Khayyàm: “rubaiyyàt”.
Moroso en los tratos de la vida
doloso en los tratos del amor
en deuda con los tratos de la dicha
indebidamente vivo
retazos de felicidad
belleza a destellos.
No imaginas la muerte
que mi corazón cada día vive
pero quiero que sepas
que hoy estoy aquí por ti
sin duda vendrás
a recoger margaritas
y a perseguir mariposas
conmigo.
Y los gatos se pasean sobre mi tejado
atemperando esta noche
esta noche dura como un muro
despiadada como el mar
cuando el mar es despiadado
feroz como el tiempo
que es siempre feroz
incierta como una punzada
en el pecho
indolente y testaruda como un mulo
esta noche sin voces y
sin culpa.
Caminando por mares nocturnos
me descubro en archipiélagos insomnes
antiguos conocidos:
apuñalado por un rayo de luna
tembloroso como un mar de trigo
golpeado por las pezuñas del viento atronador.
Camino
siempre camino
pero metas concluyentes
no alcanzo jamás.
Siempre camino
con paso foráneo y amable
en los desiertos de la noche rastrera
sin ningún consuelo
sin ninguna meta
sin ningún objeto real
sin ningún deseo real
sin ningún deber
sin ningún límite
sino la noche y el día.
Créeme: quienes parece que no traman nada
hacen cosas más importantes
como dos amantes que se aman
tras las negras membranas de la noche
boca sobre boca
sangre sobre sangre
carne sobre carne.
Anochece:
a la última luz
sonríe el crepúsculo
y declina triste la mirada;
en la garganta
asfixia
cada pensamiento.
Luna
desnuda luna
desnuda y luminosa luna
pezón del cielo
parte visible de la nada.
Llueve
nada que hacer
siempre la misma monotonía
un día adelanta a otro
y nada cambia
nada cambia nada
la lluvia bate contra los cristales
y su repiqueteo de telegrafista
es un disparo
a mi indolencia.
Al expirar el sueño
cuando el sol acucia la agonía de la noche
y con sus vívidos colores viste el día;
cuando la orina oprime en la vejiga
pavosora y obsesivamente
se excita
el deseo y despiertan
nuevas erecciones.
Mediodía
cielo de púrpura
sol jaspeado de
nubes
tinieblas.
A veces basta realmente poco
para ser feliz:
un libro
un poco de vino
y una mujer
que te haga deleitarte
y reírte
de cualquier estupidez.
Nada complicado
ingenioso
o eterno.
Quien ama los placeres
debe amar también el dolor:
la alegría está reñida
con la anestesia.
Sin recrearte en el dolor
ten por seguro que sin dolor
no existe placer.
Y la misma alegría de tener un cuerpo
se volverá en sí misma dolor
algún día.
Oh, dulce muchacha
ahora que el destino nos aflige
y llegará un día en que el ánima inocente
se separe del cuerpo
siéntate en el prado y bésame
antes que la hierba verde despunte
de nuestra ceniza.
Cosechemos este tiempo de un segundo
pues no somos esta hierba fresca
que recién segada vuelve a brotar.
Cosechemos cada flor de nuestro deseo
pues ya el día sucumbe
y la noche se acerca deprisa.
Pero existe un jardín poco más allá
fuera del alcance de la vista
escondido de las miradas
lleno de vida y de flores:
allí ven corriendo despeinada
a recoger margaritas
mientras perseguimos el sol
juntos.
Desea poco y vive feliz
deshaciendo cada vínculo entre el bien y el mal
coge en la mano esta tierra
y mis manos que te aman
pues pronto estos días se desvanecerán.
No dejes que la angustia te atenace
y la aflicción de lo que es absurdo esperar
ocupe tu tiempo.
Siéntate en la ribera del río
o en la orilla del mar
y goza de este caluroso verano
conmigo.
Teoría y práctica han transcendido
todas mis capacidades:
cada arduo problema
lo resuelve tu boca.
De eternos exilios regreso
endurecido opaco
y con los días y las noches me confundo
arrancado el corazón hundido entre
hierbas y prados
a silencios cómplices y a tus ojos de
estrella
como a lunas y a mares de octubre
me encamino.
Al expirar el día
cuando la noche hace sin pudor
de mi cuerpo una flor distante
por absurdos espacios claustrofóbicos
merodeo y sudo.
Ahora que ya no estás a mi lado
para excitarme una vez más
caigo en etéreos e inmundos amores
suicidas
me entretengo en indecentes torturas
y sólo me llevo de los cuerpos ignotos
el dulce maldito tormento.
El pasado es aquello que he perdido
el presente sólo aquello que gané
el futuro ya lo he vivido
en sueños y en ambiciones
en tus sueños y en tus ambiciones.
Ésta es la suerte que yo afronto
pues vengo del infierno.
Incluso el horror más sórdido
posee su propio encanto.
La vida es riesgo o abstinencia
existe un solo lugar
para Vivir
lo imposible
éste es el lugar.
Cuando te tuve
fue por casualidad
casi por entretenimiento
y ahora estás tumbada en mi cama
como luna sobre mar
y como luna sobre mar
tu piel se estremece
con sabor a amaranto
y con voz de almíbar
me llama tu boca
y no quiero más
que perderme en la oscuridad de tu piel
diluirme en el silencio de tus ojos.
Yo
hombre de mediana edad que contemplo
nocturnos paralelos
e infiernos geométricos no puedo ofrecerte
más que sonrisas y juegos
y sueños borboteantes
del profundo corazón.
Cuando te sueltas el cabello
el sol mengua y la noche resplandeciente
se derrama
y seductora se cierne desde tus ojos
sobre la tierra como un mar de tiniebla.
Yo soy laguna y tú sol:
cuando te reflejas en mis aguas
adquiero fulgor y belleza.
Tus párpados son cofres
que custodian la impronta de mis besos.
Tu piel es tímida como la luz
de las tempestuosas tierras del norte.
Cuando abandono mi cabeza sobre tu
vientre
cuando grava mi deseo tu regazo
cuando apoyo mi rostro sobre tu rostro
y con los ojos cerrados te beso
siento más allá de tus párpados
mis sueños palpitar.
Eres tan bella
que me pones de mal humor.
Te miro reír
dulcemente armoniosa y afable
y en mi pecho muere el corazón
petrifica la lengua
quema la piel
los ojos ya no ven
se empapa la frente
se obnubila el cerebro
y embotado el corazón no razona
y se desboca el deseo
y se desbanda la razón.
Cortante como un cuchillo
se desploma tu recuerdo,
se desploma en mi cabeza,
se precipita en mi corazón,
pesado como un trueno,
violento como la noche
cuando la noche es violenta,
violento como el mar
cuando el mar es violento,
violento como el amor
cuando el amor es.
Millones de palabras
no pueden expresar
la (micro-)eternidad
de tu beso
cuando me besas
cerrando los ojos,
apretando los puños.
Como de milagro el sol se gira
como de milagro los pájaros vuelan
como de milagro el mar ruge
como de milagro la lluvia cae
como de milagro el cigarro prende
como de milagro el día resplandece
y resplandeces también tú.
Como en un sueño
ahora vivo con ojos que no gobierno
y te miran también cuando no quiero
con un corazón que no domino
y te ama también cuando no te amo
y le impongo que no te ame.
Cada mañana el alba reaparece
y captura de tus ojos el maquillaje de
las
tinieblas
mientras me sorprende con mi boca en tu
boca
perfumada de fruta madura y dulcísima
con las manos atrapadas
en las redes de tus cabellos.
Como relámpago que incendia la noche
así la oscuridad de nuestro cuarto tú
iluminas cuando sonríes.
Tu sonrisa es una hoz de plata
que siega mis sueños
merma mis miedos.
Collar de perlas
herida de la noche
hoz de plata
tu sonrisa explota
iluminando la oscuridad.
Tu cuerpo es una noche luminosa
tus ojos dos espléndidas estrellas
y tu sonrisa una luna
que ilumina mi piel
con sabor a amaranto.
Cuando sonríes
tu piel tiembla
como mar nocturno
desprendiendo por todas partes
suave sabor a cerezas
y a amaranto.
Tu piel entraña la noche
y en tus ojos contienes el día,
A tu presencia el ébano y el alba
se distorsionan,
incluso la púrpura ensombrece
y se estropea el marfil.
Pareces una noche estrellada
acicalada con joyas del cielo
tu sonrisa es un manto de estrellas
como si los astros
fascinados por tu belleza
hubiesen decidido abandonar el cielo
para caer en tu boca.
Tu rostro es mi luna
tu cuerpo es mi noche
tu sonrisa mis estrellas
y tu, tu eres mi furia:
desde que estás viva y estoy vivo
no existe pesar más grande
que saber que existes
y puedas estar sufriendo.
Tú eres para mí la furia.
Pasión el mar y la lluvia batiente
pasión los cigarrillos y los huevos
duros
pasión la curva arrogante de tus
costados
pasión tus líneas aerodinámicas
pasión tu pura forma de acero
pasión mis labios sobre tu cuerpo
pasión mi mano sobre tu sexo.
Pasión sobre todo
mi mano sobre tu sexo.
El amor como
un viejo bastardo
con mirada ladina y cigarrillo
entre los labios burlones
me mira descarado:
un día lo mataré
y me fumaré
su cigarro.
Igual que el alba diluye el maquillaje
de la noche
igual que la noche borra los afanes del
día
igual que el día que borra los miedos de
la noche
así tú barres mis miedos y mis afanes
disuelves mis imposturas.
Igual que la noche se pierde en el día
igual que el día mengua al atardecer
igual que el atardecer se consume en la
noche
igual que la noche se disuelve en el día
y en el día se desatan los propios nudos
así yo me pierdo en ti.
Mi poesía vive sólo en el espacio entre tú
y yo
por el breve instante de la eternidad
aparente de un beso
como el rayo vive sólo en su luz
por la breve distancia que lo separa del
árbol.
Cuando duermes
eres mi placer verdadero y soñado
tangible e inalcanzable
huidizo e impalpable
errático y errante
hipotético a la vez que concreto
recalcitrante en mi cerebro.
Tú me miras
y tu rostro es un cielo otoñal
cubierto de nubes en un instante
y poco después sereno.
Lunática,
en tu semblante de luna
sonrisas y enojos se arrinconan
como el sol y la sombra
sobre el etéreo embate del viento.
Amor
como un esqueje
con tu corazón dentro de mi corazón
crearemos un jardín:
tus besos el sol
mi boca la flor
que en la mañana la luz
reabre.
Si es que la vida no es cual madrastra cruel
y despiadada,
si es que no existe la tormentosa
injuria,
tu cabello negro como la pez
convertido plata
ver me conceda.
Amor: no digo esta palabra en vano.
Sólo ante ti cede mi orgullo
sólo ante ti cede mi sexo
sólo ante ti cede mi corazón.
Amor, no digo tu nombre en vano.
Como una lagartija te escapaste
dejándome la cola entre los dedos.
Quise conservarte sólo para mí
te abracé muy fuerte
hasta dejarte sin aliento
y ahora ya no estás
ya no estás aquí.
Palabras, palabras, palabras
me preguntas que desconozco
y sólo una sílaba te contentaría
pero has convertido en piedra mi alma
y solo tu engaño en mi mente
retumba
hierve en mis venas.
Amor mío,
ahora que la tarde lenta oscurece
bastaría que me tocases el corazón
para que la noche ardiese entre llamas
y el día hiciese sonar su melodía
de acero.
Nuestra noche terminó
y tú como la luna en el cielo
intangible y lejana
estás ahora.
Había un lugar en que tú y yo éramos
predecibles y amantes
así me despierto de noche
e intento imaginar
qué hubiera sido de nosotros
si tanta desesperanza en mi interior
no me hubiese devorado.
Ahora que no estás se abate la oscuridad
y tu piel ya no ilumina mis noches
tus morenos costados no iluminan ya
mis noches y tu regazo
no acuna mis sueños.
Hijo estéril de la noche infecunda
el remordimiento vaga por los laberintos
de mi desvelos encaramado
a los cuajados hilos lácteos del recuerdo
como una araña a las telarañas del lamento
rígido como una espada de Damocles
sobre mi descanso.
Es un albatros que canta sus horribles
odiosos trenos
entre las negras cuchillas de la noche
y sus grandes alas no rompen los muros
de la droga y del vino.
Veranos e Inviernos enteros te esperé
días y noches sin descanso
presencié el nacimiento y la muerte
de las estaciones
su renacimiento
el menguar de los días
anunciando el otoño.
¿Por qué has tardado tantísimo?
Pero ahora por fin estás aquí
y me dispongo a recibirte.
Mi puerta entreabierta te espera
hay sobre la mesa agua y pan
y miel y nueces.
Por fin posas la mirada
sobre mi vida
y los miedos se convierten en pájaros
en nubes doradas las pesadillas
por fin posas el pie
en mi casa
y los muros se convierten en árboles
en prados el cemento del suelo.
Bienvenida, mujer mía,
bienvenida, alma mía,
bienvenida, bella como la libertad,
cálida como una noche de Julio,
dulce como un viento estival.
Yo
puedo amarte
sólo con besos y poesías
con una nocturna voz
que lanza gritos desesperados
con sollozos ahogados
y cansada voluntad.
Ya desciende la noche
en compañía de su amiga la luna
pero tú
arranca de los ojos el sueño
y espera conmigo
a que el día aventaje a la noche
y extienda su propia luz blanquecina.
Olvida compromisos y negocios
y sobre el prado túmbate conmigo
no te marches con la aurora
quédate un poco más
hasta que una nueva noche
extienda su manto de estrellas
sobre nosotros.
Quédate conmigo
ahora
junto a estas estrellas insignificantes
en este prado insignificante
esta noche bellísima
que insignificante e
inútil como el viento
a nada nos conduce
procedente de la nada.
Tendida sobre mi cama
como luna sobre mar
como luna sobre mar ahora tiemblas
y tu piel emana por doquier
sabor a azúcar
y canela.
La cándida llama del día broncea
y se transforma en sangre coagulada
y lejana la tarde perezosa oscurece.
Por fin las distantes membranas
de la noche ofrecen
cobijo a nuestros cuerpos sudorosos y
jadeantes.
No te demores
desnúdate
que la carne reclama
su propio placer:
sube y trágate tus recatos
cabalga esta noche
que la noche no dura más
que un suspiro.
Por fin te he logrado
dulce – suave – hermosa criatura
por fin te he logrado
jadeante – ansioso – hambriento.
Por ti he atravesado riscos de espinas
y montañas de insidias, por ti
he escalado altos muros.
Sin palabras como el fuego eres
como una llama sólo color y calor
y de tus ojos saltan chispas
y centellas a decenas a cientos a miles.
Pálida y alborotada
tu agudo escorpión provisto de aguijón
me perfora el pecho
tu sexo escabroso todavía hinchado
abierto por el reciente coito
y en tu boca mi frío
inerte semen.
Cigarrillo post – coito,
sueño post – coito,
tú desabotonada y desnuda,
tu sexo todavía abierto
por el reciente orgasmo
exudando su lágrima de placer,
y yo buscando
una vieja camiseta raída
para ir al mar
y ahogar por fin
la conspiración del deseo.
Tus senos son dos cálices
de vino fuerte:
los absorbo y me embriago
del placer reservado
a los maestros del placer,
a los campeones del placer.
Ninfa de cuerpo marmóreo,
te sueño en carreras desesperadas en
albas sublunares
salpicadas de nebulosas tinieblas lechosas
mientras tus cabellos se sueltan
a la brisa marina.
Como un Julio ardiente,
más ardientes que un Julio ardiente,
más ardientes que el viento estival,
tus cabellos me cosquillean
cuando ligeros mi rostro
tocan con dedos de margarita
delicados.
Tu mirada es calma encendida
como una ventana iluminada
en el corazón de la noche.
La calma de tu mirada
un nimbo de paz
cuando busco una hora serena.
Me asusta tu mirada
pues antes de que existiera
ha hecho visibles mis ojos oscuros
y mi ciego corazón.
Asustado por perderte
y perdidamente feliz por tenerte
en tus ojos silenciosos
sólo pido perderme
y no acabar jamás.
Besarte es como morder la pulpa
de un dulce fruto de verano
como respirar el aire
teñido del azul estival
como profundizar en la capa
de seda de la noche inconstante.
Eres mi luna
y como luna en el cielo
me sigues y sigues cada uno de mis pasos
mientras paso entre los pisos y las
calles
camino y tú conmigo caminas
te miro y me miras
me paro y te paras.
Vino es para mí tu saliva:
cuando te beso y me besas
mi alma se emborracha
y vuela ligera
a pesar de estar ebria.
Piel de pantera
y melena de escorpión
en tu piel entrañas la noche
en tus ojos con tienes el día.
Es sabor de sol en tu piel,
suor de sal en tu piel,
el olor que asciende de tu piel.
Me gustan las camas estrechas
donde tú y yo yacemos pegados
sin respiración
en un solo aliento
tan juntos que casi puedo
sentir tus sueños estallar
como fragmentos de lava volcánica
incandescentes
y tus ojos brillan
como escamas en el mar.
Tu frente es una isla
bañada por la onda de tus cabellos
a la sombra de la espesura de tu pelo.
Tu melena
es una fresca
espesura a la sombra
y son eléboros
tus afiladas manos
de pétalos blandos
suaves de calidez.
En la furtiva línea de tu cuerpo
cuerpo ideal del placer
está escrito el canto del amor
trémulo y escalofriante
sobre tu piel.
Llueve
y la tarde es el vestido de terciopelo
que llevas puesto
las estrellas son los dientes de
madreperla de tu boca
en el corazón de la tarde una herida
roja–violácea
lánguida, languideciente.
llueve esta noche
y el agua oscura cala entre los tejados
e inunda nuestra habitación
bañando nuestras frágiles existencias
mientras la sangre sigue fluyendo
por nuestras vacía cabezas
En este instante tú me amas
como jamás has amado
a nadie más
en este instante
también yo te amo,
amor mío,
yo que jamás he
amado.
Acaba la noche donde comienzas tú
irradiándola de tus negros miembros
como si en ti toda
durmiese
toda viviese.
Cuando te sueltas el cabello
el sol mengua y la noche resplandeciente
se derrama
y seductora se cierne desde tus ojos
sobre la tierra como un mar de tiniebla.
Tu sudor es vino fuerte
lleno de fermento invisible
tu boca un cáliz
del que bebo la vida
tu saliva el agua límpida y pura
que calma mi ardor.
Tú duermes,
yo insomne te miro dormir,
tu cuerpo acostado de lado
es una forma pura de acero.
Todas las noches lloro:
tú duermes y yo lloro,
tú sueñas y yo lloro,
tú sonríes y yo lloro.
Como alga
dulcemente acariciada por el viento
en el mar de tu lecho
te agitas soñando
en tus ojos
dos olas para
ahogarme.
No creas silencio mi silencio,
pues no estoy en paz:
cuando mudo me sorprendes
yo taciturno me dispongo a vivirte.
Tú red de pesca
yo mar que la red apresa.
Negra,
sin embargo para mí
eres el alba
eres la aurora
y tus ojos son dos soles.
Ven,
te besaré en los labios y en los senos,
tus dulces senos,
más dulces que el vino.
ven
en los prados y en los bosques
de mi alma débil – sucia
allí – abajo – dentro
debajo – en las profundidades
a estancar mis sueños
en el pozo sin fondo
hilos – alientos – uñas
garras – astillas – musgo
muérdago desordenado
esparcido desparramado
arponeado.
Esto debo decirte:
no existió amor antes de ti
como calor y claror de fuego
nacen juntos de la misma llama
así amor surgió en mí al aparecer tú.
Ahora yo aquí en la puerta como siempre
como siempre te espero
sin pretensiones
y vuelvo a pensar en tu mirada
en tu mirada apátrida.
Breve
demasiado breve es la vida
para pensar.
No podemos hacer más
que vivir.
Alegría y esencia de la vida
el recuerdo de las horas
donde hallé y obtuve el placer
del modo en que lo quise.
Alegría y esencia
de mi vida nuestro rehuir
de cada ordinario amor.
MIENTRAS TANTO TÚ EXISTIRÁS.
Amor mío,
mientras giren los astros y las
estrellas
y surjan los días y las noches
mientras tanto tú existirás
mi razón y mi rabia existirá
mi magnética visión
mi sexo y castidad
mi ímpeto y mi cruz.
Amor mío,
mientras tú existiràs,
existirá el miedo y la angustia
pues no hay otra pena
que saber que vives
y puedas estar sufriendo.
Entonces ningún tormento me parecerá
extraño
porque mi deber será velar por ti
aniquilar cualquier posible mal.
Mas, amor mío, cuando ya no estés
para mí no habrá más que oscuridad
porque no existe otra luz
que la que tú irradias
cuando me miras
y dulcemente sonríes.
Tu eres la esclavitud de saberte viva
eres la obsesión de saberte tangible
eres la nostalgia de saberte inaccesible
en el mismo momento en el que me aferro
a ti
y como una sombra fugitiva de placer
te pierdo.
UNA CASITA PEQUEÑA FRENTE AL
MAR.
Hace años una madrina siciliana
en medio de una consulta de mavarìa
me dijo que ella volaba sobre mi casa por
las noches
en forma de lechuza
y así fue
a partir de ahí
durante muchos años
una lechuza pasaba sobre mi casa
cantaba tétricamente
y seguía volando aprisa.
También comenzaron a aparecer los
extraterrestres,
por las noches se hundían en el mar
frente a mi casa,
alguna vez incursionaron en mi cuarto
y en la sala de la vecina
y hasta enviaron a uno de ellos
con un cuerpo de mujer muy hermosa.
Por esa época descubrí que mi mujer
era una alcohólica insaciable y belicosa
y que yo también era alcohólico-agresivo
con pasión asesina hasta las puñalás y
los balazos.
Descubrí además que no me gusta
Shakespeare
y nada que sea canónico y ejemplarizante
y detesto a los teóricos de la
literatura
con sus etiquetas y sus archivos bien
ordenados.
Tampoco resisto la vida matrimonial
ni los gobiernos autoritarios y
represivos
ni las sesiones de A.A.
Descubrí que la vida es peligrosa
cuando uno tiene criterios propios
sobre todo cuando uno tiene demasiados
criterios propios
y que mi generación sobrevive
atrapada en el desencanto y la furia
y lo mejor que se puede hacer es
apartarse de todo
y vivir en una casita pequeña frente al
mar,
una casita pequeña de madera
donde el viento silbe en las rendijas
acompañado por una lujuriosa guajira hermosa,
pervertida y desenfrenada.
Solo así podría llegar a un final
aceptable,
ni pensar en un final feliz: frente al
mar,
en una casita pequeña de madera,
con una linda guajira lujuriosa,
sucia y medio loca,
igual que yo.
<<Levántate y trae
aquí el vino; ¿es quizás tiempo de palabras?
Esta noche tu pequeña boca
es mi pan cotidiano.
Vierte aquí el vino rosáceo
como tu mejilla,
que esta penitencia mía está
llena de sinuosas insidias
como tus rizos.>>
Omar Khayyàm: “rubaiyyàt”.
POSTFACIO
de Lorena Molina Molina.
En esta ocasión Manuel Omar Triscari deja a un lado su faceta mordaz y
provocadora para mostrarnos la esencia y el carácter de su Sicilia natal. La
fuerza y la pasión del Etna están impresas en cada uno de sus versos, donde
subyace implícita la profunda tragedia del ser humano expresada al modo de los
grandes poetas de la Antigüedad.
La poesía incluida en “Retazos”,
cálida, apasionada, hedonista y sexual, a veces incluso ilítica, trasciende lo
carnal y la obsesiva búsqueda del placer para desvelarnos el alma desnuda de un
hombre cuya angustia existencial no sacia la consumación del deseo.
Sus versos homéricos, sáficos y horacianos son una exhortación al carpe diem, un lamento desesperado por
el paso del tiempo, la monótona y absurda realidad del ser humano y el miedo a
la muerte. El único sosiego es aferrarse a la belleza fugaz, a la vida y al
amor efímero de su musa, consuelo y tormento al mismo tiempo. Sólo ella tiene
el poder de iluminar sus noches, de dar sentido a su existencia, de quebrar la
ataraxia de su espíritu y de dotar a su corazón opaco y endurecido _a ese
corazón que jamás ha amado_ capacidad
de amar y de sufrir al mismo tiempo.
En definitiva, con esta obra Manuel Omar Triscari da un paso adelante y
nos permite descubrir esa parte más inaccesible e íntima de su yo que hasta ahora escondía detrás del
personaje.
Anno 2020
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