"RETAZOS"

 

"RETAZOS."


de Manuel Omar Triscari.

 

 

Traducción y postfacio de

Lorena Molina Molina.

 


 


 

 

 

 

SINOPSIS


En esta ocasión Manuel Omar Triscari deja a un lado su faceta mordaz y provocadora para mostrarnos la esencia y el carácter de su Sicilia natal. La fuerza y la pasión del Etna están impresas en cada uno de sus versos, donde subyace implícita la profunda tragedia del ser humano expresada al modo de los grandes poetas de la Antigüedad.

La poesía incluida en “Retazos”, cálida, apasionada, hedonista y sexual, a veces incluso ilítica, trasciende lo carnal y la obsesiva búsqueda del placer para desvelarnos el alma desnuda de un hombre cuya angustia existencial no sacia la consumación del deseo.

Sus versos homéricos, sáficos y horacianos son una exhortación al carpe diem, un lamento desesperado por el paso del tiempo, la monótona y absurda realidad del ser humano y el miedo a la muerte. El único sosiego es aferrarse a la belleza fugaz, a la vida y al amor efímero de su musa, consuelo y tormento al mismo tiempo. Sólo ella tiene el poder de iluminar sus noches, de dar sentido a su existencia, de quebrar la ataraxia de su espíritu y de dotar a su corazón opaco y endurecido _a ese corazón que “jamás ha amado”_ capacidad de amar y de sufrir al mismo tiempo.

En definitiva, con esta obra Manuel Omar Triscari da un paso adelante y nos permite descubrir esa parte más inaccesible e íntima de su yo que hasta ahora escondía detrás del personaje.

 

 

 



A Muna Salisu.

 

 

 

 

 

<<Pobre de aquel corazón en que no existe ardor de pasión,

que no está loco por el amor de una persona hermosa.

No habrá para ti día más perdido

que aquel que hayas transcurrido sin amor.>>

 

Omar Khayyàm: “rubaiyyàt”.

 

 

 

 

 

Moroso en los tratos de la vida

doloso en los tratos del amor

en deuda con los tratos de la dicha

indebidamente vivo

retazos de felicidad

belleza a destellos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

No imaginas la muerte

que mi corazón cada día vive

pero quiero que sepas

que hoy estoy aquí por ti

sin duda vendrás

a recoger margaritas

y a perseguir mariposas

conmigo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Y los gatos se pasean sobre mi tejado

atemperando esta noche

esta noche dura como un muro

despiadada como el mar

cuando el mar es despiadado

feroz como el tiempo

que es siempre feroz

incierta como una punzada

en el pecho

indolente y testaruda como un mulo

esta noche sin voces y

sin culpa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Caminando por mares nocturnos

me descubro en archipiélagos insomnes

antiguos conocidos:

 

apuñalado por un rayo de luna

tembloroso como un mar de trigo

golpeado por las pezuñas del viento atronador.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Camino

siempre camino

pero metas concluyentes

no alcanzo jamás.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Siempre camino

con paso foráneo y amable

en los desiertos de la noche rastrera

sin ningún consuelo

sin ninguna meta

sin ningún objeto real

sin ningún deseo real

sin ningún deber

sin ningún límite

sino la noche y el día.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Créeme: quienes parece que no traman nada

hacen cosas más importantes

como dos amantes que se aman

tras las negras membranas de la noche

boca sobre boca

sangre sobre sangre

carne sobre carne.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Anochece:

 

a la última luz

sonríe el crepúsculo

y declina triste la mirada;

 

en la garganta

asfixia

cada pensamiento.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Luna

desnuda luna

desnuda y luminosa luna

pezón del cielo

parte visible de la nada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Llueve

nada que hacer

siempre la misma monotonía

un día adelanta a otro

y nada cambia

nada cambia nada

la lluvia bate contra los cristales

y su repiqueteo de telegrafista

es un disparo

a mi indolencia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Al expirar el sueño

cuando el sol acucia la agonía de la noche

y con sus vívidos colores viste el día;

cuando la orina oprime en la vejiga

pavosora y obsesivamente

se excita

el deseo y despiertan

nuevas erecciones.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Mediodía

 

cielo de púrpura

sol jaspeado de

nubes

 

tinieblas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

A veces basta realmente poco

para ser feliz:

un libro

un poco de vino

y una mujer

que te haga deleitarte

y reírte

de cualquier estupidez.

 

Nada complicado

ingenioso

o eterno.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Quien ama los placeres

debe amar también el dolor:

 

la alegría está reñida

con la anestesia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Sin recrearte en el dolor

ten por seguro que sin dolor

no existe placer.

 

Y la misma alegría de tener un cuerpo

se volverá en sí misma dolor

algún día.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Oh, dulce muchacha

ahora que el destino nos aflige

y llegará un día en que el ánima inocente

se separe del cuerpo

siéntate en el prado y bésame

antes que la hierba verde despunte

de nuestra ceniza.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Cosechemos este tiempo de un segundo

pues no somos esta hierba fresca

que recién segada vuelve a brotar.

 

Cosechemos cada flor de nuestro deseo

pues ya el día sucumbe

y la noche se acerca deprisa.

 

Pero existe un jardín poco más allá

fuera del alcance de la vista

escondido de las miradas

lleno de vida y de flores:

 

allí ven corriendo despeinada

a recoger margaritas

mientras perseguimos el sol

juntos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Desea poco y vive feliz

deshaciendo cada vínculo entre el bien y el mal

coge en la mano esta tierra

y mis manos que te aman

pues pronto estos días se desvanecerán.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

No dejes que la angustia te atenace

y la aflicción de lo que es absurdo esperar

ocupe tu tiempo.

 

Siéntate en la ribera del río

o en la orilla del mar

y goza de este caluroso verano

conmigo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Teoría y práctica han transcendido

todas mis capacidades:

cada arduo problema

lo resuelve tu boca.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

De eternos exilios regreso

endurecido opaco

y con los días y las noches me confundo

arrancado el corazón hundido entre hierbas y prados

a silencios cómplices y a tus ojos de estrella

como a lunas y a mares de octubre

me encamino.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Al expirar el día

cuando la noche hace sin pudor

de mi cuerpo una flor distante

por absurdos espacios claustrofóbicos

merodeo y sudo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Ahora que ya no estás a mi lado

para excitarme una vez más

caigo en etéreos e inmundos amores suicidas

me entretengo en indecentes torturas

y sólo me llevo de los cuerpos ignotos

el dulce maldito tormento.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

El pasado es aquello que he perdido

el presente sólo aquello que gané

el futuro ya lo he vivido

en sueños y en ambiciones

en tus sueños y en tus ambiciones.

 

Ésta es la suerte que yo afronto

pues vengo del infierno.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Incluso el horror más sórdido

posee su propio encanto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

La vida es riesgo o abstinencia

 

existe un solo lugar

para Vivir

 

lo imposible

éste es el lugar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Cuando te tuve

fue por casualidad

casi por entretenimiento

y ahora estás tumbada en mi cama

como luna sobre mar

y como luna sobre mar

tu piel se estremece

con sabor a amaranto

y con voz de almíbar

me llama tu boca

y no quiero más

que perderme en la oscuridad de tu piel

diluirme en el silencio de tus ojos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Yo

hombre de mediana edad que contemplo nocturnos paralelos

e infiernos geométricos no puedo ofrecerte

más que sonrisas y juegos

y sueños borboteantes

del profundo corazón.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Cuando te sueltas el cabello

el sol mengua y la noche resplandeciente se derrama

y seductora se cierne desde tus ojos

sobre la tierra como un mar de tiniebla.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Yo soy laguna y tú sol:

cuando te reflejas en mis aguas

adquiero fulgor y belleza.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Tus párpados son cofres

que custodian la impronta de mis besos.

 

Tu piel es tímida como la luz

de las tempestuosas tierras del norte.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Cuando abandono mi cabeza sobre tu vientre

cuando grava mi deseo tu regazo

cuando apoyo mi rostro sobre tu rostro

y con los ojos cerrados te beso

siento más allá de tus párpados

mis sueños palpitar.

 

Eres tan bella

que me pones de mal humor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Te miro reír

dulcemente armoniosa y afable

y en mi pecho muere el corazón

petrifica la lengua

quema la piel

los ojos ya no ven

se empapa la frente

se obnubila el cerebro

y embotado el corazón no razona

y se desboca el deseo

y se desbanda la razón.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Cortante como un cuchillo

se desploma tu recuerdo,

se desploma en mi cabeza,

se precipita en mi corazón,

pesado como un trueno,

violento como la noche

   cuando la noche es violenta,

violento como el mar

   cuando el mar es violento,

violento como el amor

cuando el amor es.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Millones de palabras

no pueden expresar

la (micro-)eternidad

de tu beso

cuando me besas

cerrando los ojos,

apretando los puños.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Como de milagro el sol se gira

como de milagro los pájaros vuelan

como de milagro el mar ruge

como de milagro la lluvia cae

como de milagro el cigarro prende

como de milagro el día resplandece

y resplandeces también tú.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Como en un sueño

ahora vivo con ojos que no gobierno

y te miran también cuando no quiero

con un corazón que no domino

y te ama también cuando no te amo

y le impongo que no te ame.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Cada mañana el alba reaparece

y captura de tus ojos el maquillaje de las

tinieblas

mientras me sorprende con mi boca en tu boca

perfumada de fruta madura y dulcísima

con las manos atrapadas

en las redes de tus cabellos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Como relámpago que incendia la noche

así la oscuridad de nuestro cuarto tú

iluminas cuando sonríes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Tu sonrisa es una hoz de plata

que siega mis sueños

merma mis miedos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Collar de perlas

herida de la noche

hoz de plata

tu sonrisa explota

iluminando la oscuridad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Tu cuerpo es una noche luminosa

tus ojos dos espléndidas estrellas

y tu sonrisa una luna

que ilumina mi piel

con sabor a amaranto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Cuando sonríes

tu piel tiembla

como mar nocturno

desprendiendo por todas partes

suave sabor a cerezas

y a amaranto.

 

Tu piel entraña la noche

y en tus ojos contienes el día,

A tu presencia el ébano y el alba

se distorsionan,

incluso la púrpura ensombrece

y se estropea el marfil.

 

Pareces una noche estrellada

acicalada con joyas del cielo

tu sonrisa es un manto de estrellas

como si los astros

fascinados por tu belleza

hubiesen decidido abandonar el cielo

para caer en tu boca.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Tu rostro es mi luna

tu cuerpo es mi noche

tu sonrisa mis estrellas

y tu, tu eres mi furia:

 

desde que estás viva y estoy vivo

no existe pesar más grande

que saber que existes

y puedas estar sufriendo.

 

Tú eres para mí la furia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Pasión el mar y la lluvia batiente

pasión los cigarrillos y los huevos duros

pasión la curva arrogante de tus costados

pasión tus líneas aerodinámicas

pasión tu pura forma de acero

pasión mis labios sobre tu cuerpo

pasión mi mano sobre tu sexo.

 

Pasión sobre todo

mi mano sobre tu sexo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

El amor como

un viejo bastardo

con mirada ladina y cigarrillo

entre los labios burlones

me mira descarado:

 

un día lo mataré

y me fumaré

su cigarro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Igual que el alba diluye el maquillaje de la noche

igual que la noche borra los afanes del día

igual que el día que borra los miedos de la noche

así tú barres mis miedos y mis afanes

disuelves mis imposturas.

 

Igual que la noche se pierde en el día

igual que el día mengua al atardecer

igual que el atardecer se consume en la noche

igual que la noche se disuelve en el día

y en el día se desatan los propios nudos

así yo me pierdo en ti.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Mi poesía vive sólo en el espacio entre tú y yo

por el breve instante de la eternidad aparente de un beso

como el rayo vive sólo en su luz

por la breve distancia que lo separa del árbol.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Cuando duermes

eres mi placer verdadero y soñado

tangible e inalcanzable

huidizo e impalpable

errático y errante

hipotético a la vez que concreto

recalcitrante en mi cerebro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Tú me miras

y tu rostro es un cielo otoñal

cubierto de nubes en un instante

y poco después sereno.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Lunática,

en tu semblante de luna

sonrisas y enojos se arrinconan

como el sol y la sombra

sobre el etéreo embate del viento.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Amor

como un esqueje

con tu corazón dentro de mi corazón

crearemos un jardín:

 

tus besos el sol

mi boca la flor

que en la mañana la luz

reabre.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Si es que la vida no es cual madrastra cruel y despiadada,

si es que no existe la tormentosa injuria,

tu cabello negro como la pez

convertido plata

ver me conceda.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Amor: no digo esta palabra en vano.

 

Sólo ante ti cede mi orgullo

sólo ante ti cede mi sexo

sólo ante ti cede mi corazón.

 

Amor, no digo tu nombre en vano.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Como una lagartija te escapaste

dejándome la cola entre los dedos.

 

Quise conservarte sólo para mí

te abracé muy fuerte

hasta dejarte sin aliento

y ahora ya no estás

ya no estás aquí.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Palabras, palabras, palabras

me preguntas que desconozco

y sólo una sílaba te contentaría

pero has convertido en piedra mi alma

y solo tu engaño en mi mente

retumba

hierve en mis venas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Amor mío,

ahora que la tarde lenta oscurece

bastaría que me tocases el corazón

para que la noche ardiese entre llamas

y el día hiciese sonar su melodía

de acero.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Nuestra noche terminó

y tú como la luna en el cielo

intangible y lejana

estás ahora.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Había un lugar en que tú y yo éramos

predecibles y amantes

así me despierto de noche

e intento imaginar

qué hubiera sido de nosotros

si tanta desesperanza en mi interior

no me hubiese devorado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Ahora que no estás se abate la oscuridad

y tu piel ya no ilumina mis noches

tus morenos costados no iluminan ya

mis noches y tu regazo

no acuna mis sueños.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Hijo estéril de la noche infecunda

el remordimiento vaga por los laberintos

de mi desvelos encaramado

a los cuajados hilos lácteos del recuerdo

como una araña a las telarañas del lamento

rígido como una espada de Damocles

sobre mi descanso.

 

Es un albatros que canta sus horribles odiosos trenos

entre las negras cuchillas de la noche

y sus grandes alas no rompen los muros de la droga y del vino.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Veranos e Inviernos enteros te esperé

días y noches sin descanso

presencié el nacimiento y la muerte

de las estaciones

su renacimiento

el menguar de los días

anunciando el otoño.

 

¿Por qué has tardado tantísimo?

 

Pero ahora por fin estás aquí

y me dispongo a recibirte.

 

Mi puerta entreabierta te espera

hay sobre la mesa agua y pan

y miel y nueces.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Por fin posas la mirada

sobre mi vida

y los miedos se convierten en pájaros

en nubes doradas las pesadillas

por fin posas el pie

en mi casa

y los muros se convierten en árboles

en prados el cemento del suelo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Bienvenida, mujer mía,

bienvenida, alma mía,

bienvenida, bella como la libertad,

cálida como una noche de Julio,

dulce como un viento estival.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Yo

puedo amarte

sólo con besos y poesías

con una nocturna voz

que lanza gritos desesperados

con sollozos ahogados

y cansada voluntad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Ya desciende la noche

en compañía de su amiga la luna

pero tú

arranca de los ojos el sueño

y espera conmigo

a que el día aventaje a la noche

y extienda su propia luz blanquecina.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Olvida compromisos y negocios

y sobre el prado túmbate conmigo

no te marches con la aurora

quédate un poco más

hasta que una nueva noche

extienda su manto de estrellas

sobre nosotros.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Quédate conmigo

ahora

junto a estas estrellas insignificantes

en este prado insignificante

esta noche bellísima

que insignificante e

inútil como el viento

a nada nos conduce

procedente de la nada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Tendida sobre mi cama

como luna sobre mar

como luna sobre mar ahora tiemblas

y tu piel emana por doquier

sabor a azúcar

y canela.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

La cándida llama del día broncea

y se transforma en sangre coagulada

y lejana la tarde perezosa oscurece.

 

Por fin las distantes membranas

de la noche ofrecen

cobijo a nuestros cuerpos sudorosos y

jadeantes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

No te demores

desnúdate

que la carne reclama

su propio placer:

 

sube y trágate tus recatos

cabalga esta noche

que la noche no dura más

que un suspiro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Por fin te he logrado

dulce – suave – hermosa criatura

por fin te he logrado

jadeante – ansioso – hambriento.

 

Por ti he atravesado riscos de espinas

y montañas de insidias, por ti

he escalado altos muros.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Sin palabras como el fuego eres

como una llama sólo color y calor

y de tus ojos saltan chispas

y centellas a decenas a cientos a miles.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Pálida y alborotada

tu agudo escorpión provisto de aguijón

me perfora el pecho

tu sexo escabroso todavía hinchado

abierto por el reciente coito

y en tu boca mi frío

inerte semen.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Cigarrillo post – coito,

sueño post – coito,

tú desabotonada y desnuda,

tu sexo todavía abierto

por el reciente orgasmo

exudando su lágrima de placer,

y yo buscando

una vieja camiseta raída

para ir al mar

y ahogar por fin

la conspiración del deseo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Tus senos son dos cálices

de vino fuerte:

los absorbo y me embriago

del placer reservado

a los maestros del placer,

a los campeones del placer.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Ninfa de cuerpo marmóreo,

te sueño en carreras desesperadas en albas sublunares

salpicadas de nebulosas tinieblas lechosas

mientras tus cabellos se sueltan

a la brisa marina.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Como un Julio ardiente,

más ardientes que un Julio ardiente,

más ardientes que el viento estival,

tus cabellos me cosquillean

cuando ligeros mi rostro

tocan con dedos de margarita

delicados.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Tu mirada es calma encendida

como una ventana iluminada

en el corazón de la noche.

 

La calma de tu mirada

un nimbo de paz

cuando busco una hora serena.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Me asusta tu mirada

pues antes de que existiera

ha hecho visibles mis ojos oscuros

y mi ciego corazón.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Asustado por perderte

y perdidamente feliz por tenerte

en tus ojos silenciosos

sólo pido perderme

y no acabar jamás.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Besarte es como morder la pulpa

de un dulce fruto de verano

como respirar el aire

teñido del azul estival

como profundizar en la capa

de seda de la noche inconstante.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Eres mi luna

y como luna en el cielo

me sigues y sigues cada uno de mis pasos

mientras paso entre los pisos y las calles

camino y tú conmigo caminas

te miro y me miras

me paro y te paras.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Vino es para mí tu saliva:

cuando te beso y me besas

mi alma se emborracha

y vuela ligera

a pesar de estar ebria.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Piel de pantera

y melena de escorpión

en tu piel entrañas la noche

en tus ojos con tienes el día.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Es sabor de sol en tu piel,

suor de sal en tu piel,

el olor que asciende de tu piel.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Me gustan las camas estrechas

donde tú y yo yacemos pegados

sin respiración

en un solo aliento

tan juntos que casi puedo

sentir tus sueños estallar

como fragmentos de lava volcánica

incandescentes

y tus ojos brillan

como escamas en el mar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Tu frente es una isla

bañada por la onda de tus cabellos

a la sombra de la espesura de tu pelo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Tu melena

es una fresca

espesura a la sombra

y son eléboros

tus afiladas manos

de pétalos blandos

suaves de calidez.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

En la furtiva línea de tu cuerpo

      cuerpo ideal del placer

está escrito el canto del amor

trémulo y escalofriante

sobre tu piel.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Llueve

y la tarde es el vestido de terciopelo que llevas puesto

las estrellas son los dientes de madreperla de tu boca

en el corazón de la tarde una herida roja–violácea

lánguida, languideciente.

 

llueve esta noche

y el agua oscura cala entre los tejados

e inunda nuestra habitación

bañando nuestras frágiles existencias

mientras la sangre sigue fluyendo

por nuestras vacía cabezas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

En este instante tú me amas

como jamás has amado

a nadie más

en este instante

también yo te amo,

amor mío,

yo que jamás he

amado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Acaba la noche donde comienzas tú

irradiándola de tus negros miembros

como si en ti toda

durmiese

toda viviese.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Cuando te sueltas el cabello

el sol mengua y la noche resplandeciente se derrama

y seductora se cierne desde tus ojos

sobre la tierra como un mar de tiniebla.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Tu sudor es vino fuerte

lleno de fermento invisible

tu boca un cáliz

del que bebo la vida

tu saliva el agua límpida y pura

que calma mi ardor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Tú duermes,

 

yo insomne te miro dormir,

 

tu cuerpo acostado de lado

 

es una forma pura de acero.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Todas las noches lloro:

tú duermes y yo lloro,

tú sueñas y yo lloro,

tú sonríes y yo lloro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Como alga

dulcemente acariciada por el viento

en el mar de tu lecho

te agitas soñando

en tus ojos

dos olas para

ahogarme.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

No creas silencio mi silencio,

pues no estoy en paz:

cuando mudo me sorprendes

yo taciturno me dispongo a vivirte.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Tú red de pesca

yo mar que la red apresa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Negra,

sin embargo para mí

eres el alba

eres la aurora

y tus ojos son dos soles.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Ven,

te besaré en los labios y en los senos,

tus dulces senos,

más dulces que el vino.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

ven

en los prados y en los bosques

de mi alma débil – sucia

allí – abajo – dentro

debajo – en las profundidades

a estancar mis sueños

en el pozo sin fondo

hilos – alientos – uñas

garras – astillas – musgo

muérdago desordenado

esparcido desparramado

arponeado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Esto debo decirte:

no existió amor antes de ti

como calor y claror de fuego

nacen juntos de la misma llama

así amor surgió en mí al aparecer tú.

 

Ahora yo aquí en la puerta como siempre

como siempre te espero

sin pretensiones

y vuelvo a pensar en tu mirada

en tu mirada apátrida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Breve

demasiado breve es la vida

para pensar.

 

No podemos hacer más

que vivir.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Alegría y esencia de la vida

el recuerdo de las horas

donde hallé y obtuve el placer

del modo en que lo quise.

 

Alegría y esencia

de mi vida nuestro rehuir

de cada ordinario amor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

MIENTRAS TANTO TÚ EXISTIRÁS.

 

Amor mío,

mientras giren los astros y las estrellas

y surjan los días y las noches

mientras tanto tú existirás

mi razón y mi rabia existirá

mi magnética visión

mi sexo y castidad

mi ímpeto y mi cruz.

 

Amor mío,

mientras tú existiràs,

existirá el miedo y la angustia

pues no hay otra pena

que saber que vives

y puedas estar sufriendo.

 

Entonces ningún tormento me parecerá extraño

porque mi deber será velar por ti

aniquilar cualquier posible mal.

 

Mas, amor mío, cuando ya no estés

para mí no habrá más que oscuridad

porque no existe otra luz

que la que tú irradias

cuando me miras

y dulcemente sonríes.

 

Tu eres la esclavitud de saberte viva

eres la obsesión de saberte tangible

eres la nostalgia de saberte inaccesible

en el mismo momento en el que me aferro a ti

y como una sombra fugitiva de placer

te pierdo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

UNA CASITA PEQUEÑA FRENTE AL MAR.

                                                  

Hace años una madrina siciliana

en medio de una consulta de mavarìa

me dijo que ella volaba sobre mi casa por las noches

en forma de lechuza

y así fue

a partir de ahí

durante muchos años

una lechuza pasaba sobre mi casa

cantaba tétricamente

y seguía volando aprisa.

 

También comenzaron a aparecer los extraterrestres,

por las noches se hundían en el mar frente a mi casa,

alguna vez incursionaron en mi cuarto

y en la sala de la vecina

y hasta enviaron a uno de ellos

con un cuerpo de mujer muy hermosa.

 

Por esa época descubrí que mi mujer

era una alcohólica insaciable y belicosa

y que yo también era alcohólico-agresivo

con pasión asesina hasta las puñalás y los balazos.

Descubrí además que no me gusta Shakespeare

y nada que sea canónico y ejemplarizante

y detesto a los teóricos de la literatura

con sus etiquetas y sus archivos bien ordenados.

Tampoco resisto la vida matrimonial

ni los gobiernos autoritarios y represivos

ni las sesiones de A.A.

Descubrí que la vida es peligrosa

cuando uno tiene criterios propios

sobre todo cuando uno tiene demasiados criterios propios

y que mi generación sobrevive

atrapada en el desencanto y la furia

y lo mejor que se puede hacer es apartarse de todo

y vivir en una casita pequeña frente al mar,

una casita pequeña de madera

donde el viento silbe en las rendijas

acompañado por una lujuriosa guajira hermosa,

pervertida y desenfrenada.

 

Solo así podría llegar a un final aceptable,

ni pensar en un final feliz: frente al mar,

en una casita pequeña de madera,

con una linda guajira lujuriosa,  

sucia y medio loca,

igual que yo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

<<Levántate y trae aquí el vino; ¿es quizás tiempo de palabras?

Esta noche tu pequeña boca es mi pan cotidiano.

Vierte aquí el vino rosáceo como tu mejilla,

que esta penitencia mía está llena de sinuosas insidias

como tus rizos.>>

 

Omar Khayyàm: “rubaiyyàt”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

POSTFACIO

de Lorena Molina Molina.

 

En esta ocasión Manuel Omar Triscari deja a un lado su faceta mordaz y provocadora para mostrarnos la esencia y el carácter de su Sicilia natal. La fuerza y la pasión del Etna están impresas en cada uno de sus versos, donde subyace implícita la profunda tragedia del ser humano expresada al modo de los grandes poetas de la Antigüedad.

La poesía incluida en “Retazos”, cálida, apasionada, hedonista y sexual, a veces incluso ilítica, trasciende lo carnal y la obsesiva búsqueda del placer para desvelarnos el alma desnuda de un hombre cuya angustia existencial no sacia la consumación del deseo.

Sus versos homéricos, sáficos y horacianos son una exhortación al carpe diem, un lamento desesperado por el paso del tiempo, la monótona y absurda realidad del ser humano y el miedo a la muerte. El único sosiego es aferrarse a la belleza fugaz, a la vida y al amor efímero de su musa, consuelo y tormento al mismo tiempo. Sólo ella tiene el poder de iluminar sus noches, de dar sentido a su existencia, de quebrar la ataraxia de su espíritu y de dotar a su corazón opaco y endurecido _a ese corazón que jamás ha amado_ capacidad de amar y de sufrir al mismo tiempo.

En definitiva, con esta obra Manuel Omar Triscari da un paso adelante y nos permite descubrir esa parte más inaccesible e íntima de su yo que hasta ahora escondía detrás del personaje.






Anno 2020

© “Corpo 11” Edizioni

corpo11edizioni@gmail.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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